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Tanta fuerza y tanto amor hacen al mundo girar, algún día lo descubrirás . . .

1 de marzo de 2020

- ¿Que harías si Hache te habla y te dice que te extraña?
- Le diría todo aquello que me quedó atragantado en aquel febrero, pero que ahora yo ya rehíce mi vida con otra persona que me ama con el amor que merezco, que lucho por mi y no se dejó vencer tan fácilmente, aunque él vaya a ser siempre mi gran amor pendiente e inconcluso. Sin embargo, si hubiese hecho la vista atrás hace tres años, cuando se fue de casa mientras yo me desmoronaba en la puerta, o si me hubiera hablado para arreglar las cosas y que no todo se deshiciese por un mal entendido, la historia hubiese sido muy diferente

Hache, yo no escribí la historia con vos en aquellos meses, como si he hecho con otros amores. Supongo que porque nuestra historia era demasiado real y palpable para escribirla. Te vi desde aquel día en el que me abriste la puerta para entrar a alumnado, con esa caballerosidad que siempre te caracterizó y amaba de vos. Con esa amabilidad que sólo vos tenes. Nunca volvía  cruzarme con alguien tan amable. Supongo que no escribí nuestra historia porque nunca creí que acabaría, y cuando lo hizo, estaba demasiado aturdida mi cabeza como para reaccionar, y caía en un pozo profundo, cada vez más profundo, girando en círculos hacía abajo, pero nunca sabiendo que ese era nuestra final. Cuando al fin fui consciente de todo, no pude hacer más que llorar, gritar, pasarme largas horas en la ducha sollozando amargamente, atragantada en mi propia sal. Yo creía ingenuamente que lo nuestro era para siempre, que eras la persona con la cual iba a tener hijos, algo poco agraciados por la naturaleza, parecidos a vos. Pero todo eso no importaba porque tu personalidad avasallaba todo canon de belleza, al menos frente a mi que siempre me conmovía frente a almas sinceras, nobles y humildes.

28 de febrero de 2020

Yo creo que fue amor cuando iba a tu casa a cocinarte el almuerzo, a la salida de la facultad después de una ya cansadora mañana, vos me recibías con esa mirada apática como si no quisiera que estuviera allí pero tampoco me dejabas irme, jamás me dejaste irme. Cuando no estaba insistías para que fuera. Como quien no quiere estar con alguien pero tampoco sin él. Hoy lo veo a lo lejos y pienso ¡que egoísta de tu parte! Creo que en parte por eso nos separamos, porque empecé a ver el egoísmo ególatra y galopante que escondía tu sonrisa, tu está todo bien, tus cuentos de gurú de la paz. Pero claro, yo todo eso no podía verlo. Tarde años de mi vida en verlo. Años de vida ¿Sabes lo que es eso? Años, con lo corta que es la vida, es mucho tiempo. Era como si el velo del amor o del enamoramiento, vaya uno a saber qué, no me permitía ver todo eso que para los demás era tan evidente.
Te peleabas con esas señoras de esos círculos a los que frecuentabas, con tu padre o con quien sea y siempre disimulabas calma y tranquilidad y que todo estaba bien, pero al volver a casa era yo quien debía cargar con tu mochila de insultos malhumores y agresión. En esos momentos pensaba que era injusto pero tampoco hacía nada para cambiarlo. Decía "quizá así son las parejas, mostrar la peor cara, esa que no se la mostras a nadie más." Hoy sé que no, que amor no es tener que bancarte todas las mierdas del otro, toda la hipocresía.
''Jael es muy celosa'' repetían algunas de las personas de ese círculo al que frecuentábamos. Que fácil es hablar desde afuera cuando uno no es partícipe de una relación. Claro, ellos no sabían de las veces que me hacían berrinches por querer ir a bailar, por tomar algo de alcohol (porque el no lo hacía y le daba asco verme hacerlo), o decirme que no sabía si estaba enamorado de mi pero que no podía vivir sin mi, que le gustaba tal o cual chica pero que no lo deje porque sin mi se moría. Es muy fácil juzgar las relaciones de afuera cuando sólo se tiene una sola campana, cuando no se conoce la completitud. Obviamente yo callaba y asentía ¿qué iba a decir?. Quizá porque en el fondo sabía lo mal que estaba todo eso, que no era normal, que me merecía un amor como el que daba. Pero era demasiado joven (15-17 años, vaya si lo era) y no podía palpar, no era consciente de la gravedad de algunos temas.

Planes que se marchitaron...

Fue un amor fuerte, intenso, un amor amante, fue un amor cómplice, un amor risa, por momentos un amor ausente y un amor lejano, caminos que nunca llevaban a Roma.


2 de febrero de 2020

Porque si pudiera ver tu cara una vez más, podría morir como un hombre feliz


Cuando dijiste tu último adiós morí un poco por dentro.
Me acosté en la cama y llore toda la noche
Pero si me amabas... ¿por qué me dejaste?
Últimamente ando con demasiada inspiración para escribir pero no lo hago. Son como correntadas de viento que me golpean de sorpresa, me levantan, me golpean y en ocasiones me desarman. A veces sólo son resquicios de nostalgia, de todo lo que no fue pero pudo a haber sido, o que fue en mi cabeza un final feliz. Otras, sensaciones pasadas que se presentan en forma de deja vú. A veces le procede una sensación de ahogo, de querer retener esa sensación, ese momento, de materializar tu recuerdo, de sostener algo que se escapa como agua entre dedos, de cerrar el puño con tanta fuerza sabiendo que en algún momento lo vas a tener que abrir y eso que sostenías se va a escapar indefectiblemente o golpearse contra el suelo hasta hacerse añicos.
No sé porque no sucumbo ante la presión verborrágica, ese impulso, que me dice: tenes que escribir esto, porque te lo vas a olvidar, y jamás vas a volver a saber como se siente.
¿Será que hay algo a lo que le huyo? ¿Será que hay algo a lo que le escapo? ¿Será que ya no quiero saber como se siente desde que no estás? Que eso es algo que ya no quiero recordar. Que no quiero tenerlo escrito para volver a leerlo, porque leer es recordar, es volver a pasar, es saber como se siente. Leer para quien lee es eso y más.
                                                                                 Memorias de un día capicúa 02.02.2020

16 de enero de 2020

The Killers - Read my mind

13 de diciembre de 2019

Después de tanto llorar y sufrir. De creer que eso sería así por siempre y de normalizar el dolor. Hoy soy feliz, tu me quiero y me quieren. Hoy tengo alguien al lado que no me hace daño, que en vez de provocar lágrimas provoca risas. Eso es lo normal. Basta de romantizar dolor en las relaciones amorosas.